Un eminente científico se dirigía a dar su enésima conferencia cuando su
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Un eminente científico se dirigía a dar su enésima conferencia cuando su
chofer le hizo una propuesta:
- Oiga, patrón, he escuchado tantas veces su discurso, que apuesto a que
podría decirlo yo mismo, y usted descansa esta vez.
- Me parece estupendo - repuso aquél.
Al llegar al auditorio el científico se puso la gorra del chofer y se
sentó en la última fila. El otro subió al estrado, impartió la conferencia y
después preguntó si había alguna duda.
- Sí - respondió un profesor, y entonces formuló una pregunta técnica
endiabladamente compleja.
Por unos instantes el chofer sintió pánico, pero enseguida se recuperó.
- La respuesta es muy sencilla - dijo -. De hecho, es tan sencilla que voy
a dejar que mi chofer la conteste.